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El otro rostro del tiempo – Juan de Plácido sobre “Geografías del Silencio

En la obra de Kike Suay convergen una multiplicidad de poéticas, cada una de ellas perceptible por sí misma, pero todas profusamente interrelacionadas; y ya sabemos que la interrelación forma parte de la ley de la vida , y por tanto también del arte, que sólo es una de sus innumerables manifestaciones. Los purismos, en ciertos casos, sólo fueron pórticos del delirio, cuando no derivaron en factorías de esteticismos vanos, de narcisismos esquizoides o en jaulas para la soledad, la autotortura y la angustia. La poética de las lejanías, que se van más allá de sí mismas, como dando a entender que justo en eso consiste su sentido, como en estela dejando tras de sí horizontes y confines. La poética del silencio, capaz de recrearnos eso que de maneras siempre un tanto imprecisas, acaso porque hay fenómenos que no permiten la precisión y mucho menos la definición, hemos venido denominando como espíritu. La poética del vacío, traducido en esas atmósferas de una luminosidad nebulosa y grisácea, en las que si liberamos aunque sólo sea por un instante la imaginación, podríamos llegar a percibir la exhalación de lo que los científicos denominan la sopa primigenia, y sobre la que se espetan los trazos de un sueño ¿De quién? Y eso qué importa. La poética que se desprende de todos aquellos que aciertan, más que dejándose llevar por razonamientos, por la intuición, y aún por el puro instinto, a ubicarse en el punto exacto y en el momento preciso en el que la mirada se transmuta en perspectiva, y entonces se da en su justa medida la apreciación, la valorización y el reconocimiento de los fenómenos, entendiendo como tales a todo cuanto siendo se manifiesta, se despliega, acontece; y es entonces cuando surge la auténtica creatividad, asociando a ella el concepto de lo fértil.

Y todas esas poéticas nos configuran un cosmos que nos remite a las antípodas del estado de civilización en el que somos y vivimos: frenético, ruidoso, apretujado, histérico, compulsivo, con pretensiones a lo infártico…..  En tal sentido la obra de Suay es crítica, pero en la línea, o aún sería más adecuado decir en la tradición, que en el siglo XIX expresaba Charles Baudelaire: “como una necesidad y una obligación que incluso la ubica por encima del arte; en cuanto que es la critica la que nos permite reorientarnos en el tiempo, para no llegar a estar perdidos, así como actúa de herramienta que nos libera de lo obsoleto, y nos alumbra lo emergente por mínimo y frágil que sea, y le desbroza su proyección hacia el devenir”.

Suay nos incita con su obra a la apertura de una dinámica de fuga de todo cuanto cada día que pasa nos resulta más insoportable, en lo que podríamos entender como un viaje a través de centros sin círculos ni periferias, de mares y de lagos que son luz, que a su vez aloja penumbra y misterio, de curvaturas de la audacia, de paralelas de lo imprevisto, de restos o vestigios de lo que perdió el sentido para lo que fue creado, pero que se sobrevive en pura permanencia, ajeno a todo, menos al tiempo del que marca su discurrir, de bloques de hormigón en cualquier parte arrojados al azar, y que no sólo configuran su propia geografía, sino que generan la suficiente capacidad de erigirse en metáfora de todo cuanto en nuestra civilización ya tiene vocación de derrumbe, de arquitecturas que carecen de fin, como en el universo literario de Jorge Luis Borjes, el tribuno Marco Flaminio Rufo pudo percibir en la Ciudad de los Inmortales.

Completamente alejado de la fotografía de testimonio, documental, antropológica o de naturaleza, podríamos considerar a Kike Suay como un artista cuántico, en cuanto que transforma la realidad con tan sólo mirarla; y es muy posible que en sentido inverso y en la misma proporción esa realidad lo transforme a él ¿Y no consiste en eso la gloria y maldición de los artistas? Gustave Flaubert está entre los que se dieron perfecta cuenta de ello.

La belleza nunca puede ser un objetivo a conseguir, sino que surge por sí sola como fruto de fenómenos de interrelación.

Juan de Plácido
Escritor

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LA VANGUARDIA

 

Kike Suay reinterpreta el paisaje

Vanessa Osuna Sabio
El fotógrafo Kike Suay (Valencia, 1976) entra en contacto en su juventud con la fotografía como hobby, aunque no es hasta pasados los 18 años cuando decide formarse de manera autodidacta y asistiendo a cursos y seminarios de fotógrafos. A los 24 años empieza una etapa como fotógrafo profesional, creando su propio estudio dedicado a la fotografía comercial y documental, actividad que abandona tras un tiempo para dedicarse a la fotografía únicamente de forma artística y como forma de expresión. Tras nueve años de experiencias y varios proyectos en diferentes campos de la fotografía, presenta su primera exposición basada en la fotografía nocturna de paisaje, utilizando la técnica como herramienta y el paisaje paisaje
como concepto, y ambas como medio de expresión personal. Suay exhibe, en la galería L’Arcada de Blanes, una selección de paisajes urbanos que respiran minimalismo por todos sus poros, planteando en estas fotografías de larga exposición, para las que emplea cámaras y respaldos digitales con impresiones ultrachrome en papel de algodón, una mirada limpia que proyecta una dicción hermosa en la que parecen acunarse todas las posibilidades del silencio. Estas imágenes reales cuentan, sin embargo, con una formulación que no es ajena a una poética de la imaginación más sensible.

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AGENDA URBANA

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Artículo de prensa sobre Kike Suay en el diario EL PUNT AVUI