KIKE SUAY es un artista polifacético dedicado principalmente a la fotografía, aunque también utiliza medios como la pintura, instalación y sonido experimental.
Nace en Valencia en 1976, en su juventud entra en contacto con la fotografía como hobby. Tras largo tiempo inmerso en la pintura la abandona y decide centrarse en fotografía de forma autodidacta y asistiendo a cursos y seminarios de fotógrafos reconocidos. Tras obtener varios premios en concursos, los 24 años empieza una etapa como fotógrafo profesional, creando su propio estudio dedicado a la fotografía comercial y documental, actividad que abandona tras un tiempo para dedicarse a la fotografía únicamente de forma artística y como forma de expresión.
Tras 9 años de experiencias y varios proyectos en diferentes campos de la fotografía, presenta su primera exposición en 2009 basada en la fotografía nocturna de paisaje, utilizando la técnica como herramienta y el paisaje como concepto, y ambas como medio de expresión personal.
“Se dice que el paisaje es un estado de alma, que la disposición de espíritu en la que nos encontremos siempre habrá de influir en la percepción emotiva de aquello que los ojos estuviesen viendo, por lo que creo que es lícito concluir que, siendo ya la realidad, por sí sola, infinitamente varia, la captación de ella estará, a su vez, sujeta a ese también infinitamente vario que es el espíritu humano. Antes de apuntar la cámara, el fotógrafo había visto el paisaje, había seleccionado el motivo, había escogido el ángulo, había medido la luz y valorado la distancia, había determinado el encuadre.
Después, abierto el obturador en un rápido lapso, la luz penetró en las entrañas de la cámara, impresionó la película, registró la imagen, esa parcela de mundo que el fotógrafo quiso llevar consigo. Pero la cámara fotográfica no tiene espíritu, no se alegra ni se compadece con lo que tenga delante de sí, y es ajena e indiferente a la persona que la esté usando.
José Saramago
Podría afirmar que este texto define en gran parte mi trabajo, mi intención y mi forma de pensar al enfrentarme al paisaje. Cierto es que la cámara no sabe de emociones ni tiene alma, pero si quien la maneja y si el fotógrafo sabe entender como piensa esta máquina podrá guiarla hacia su propio lenguaje, hacia una emoción que esta podrá plasmar.
En cierta etapa de mi vida y tras una sucesión de acontecimientos que no vienen al caso nació en mi una obsesión por escapar, por buscar la manera de crear una realidad alternativa. Aunque al principio mis trabajos eran críticos, quizá por el resultado de la ira, quizá porque lo mas sencillo es hablar del problema o simplemente por desahogo, mas tarde entendí que prefería plasmar una solución en lugar de un problema, y dotar al espectador y a mi mismo, de un mundo ajeno a lo cotidiano, sencillo, donde el tiempo se detiene y las prisas no existen, donde podemos descansar y jugar con nuestra percepción, donde lo que cuenta es la emoción y no el objeto fotografiado, ya que este pierde su sentido primario para convertirse simplemente en forma.
No me considero un fotógrafo paisajista ni me atrae demasiado la idea, simplemente utilizo un paisaje como lienzo y establezco una relación con el vacío, la lluvia, las nubes, el agua y la luz, enfrentándolos a objetos que fracturan o equilibran de algún modo la escena esto me acerca a una situación o estado contradictorio que creo convive con cada persona o ser vivo y que está latente en el subconsciente colectivo.
Podría definir mi forma de relacionarme o enfrentarme a una fotografía como una sucesión de contradicciones, que en cierta forma definen mi personalidad y mi trabajo, estos puntos son:
Eliminar las formas preconcebidas de la composición y la geometría a la hora de componer. Cuando me enfrento a un paisaje intento pensar visceralmente y borrar de mi cabeza lo aprendido anteriormente. Aunque en el resultado final podemos encontrar ciertas leyes establecidas no existen como parte de una decisión artística, sino de la pura intuición definida quizás por el estado de ánimo o quizá porque donde yo quería estar con mi cámara haba un precipicio…..
Paradójicamente cuando observamos una instantánea de reportaje tenemos claro que es tiempo congelado, pero transciende que ese instante continuó con su curso natural. Sin embargo, la larga exposición de cámara suma muchos instantes durante los varios minutos que nos lleva tomas una fotografía y nos provee del resultado contrario, la sensación de detener el tiempo.
Hablamos de reducción de información, de buscar la simplicidad, de obtener la esencia de las formas y de lo contradictorio, ¿Hay algo mas contradictorio que el blanco y el negro?
La parte técnica de mi fotografía es básicamente, fotografía nocturna, o según el rango de tiempo fotografía crepuscular. Un gran handicap de la fotografía crepuscular, es que como su nombre indica, se hace durante el crepúsculo, aunque yo exactamente no trabajo en ese rango de tiempo si que lo hago media hora antes o media hora después aproximadamente. Esto implica, en muchas situaciones, llegar al lugar de noche, y esperar al amanecer, componiendo a oscuras en la mayoría de los casos y con la única opción de una toma por día, ya que cuando pasa ese momento ya no conseguiremos el efecto fotográfico deseado. Si el cálculo de la exposición no es correcto, si la lluvia o la niebla se interponen o si simplemente mi toma no es buena, he de esperar al día siguiente para repetir la foto.